PREFACIO
—Mierda. Con esta simple palabra empezó Alicia su día, mientras apagaba el despertador que sonaba a las seis en punto de la mañana. Aún todo estaba oscuro y ella se incorporaba en su cama y se atusaba el pelo, trata n do de acomodarlo para que el susto, al verse frente al espejo, fuera menor. El día a n terior se había quedado hasta tarde ultimando detalles para lo que sería un día muy importante para ella, aún así, el sueño le había vencido y todavía le quedaba trabajo por hacer. Tenía pendiente repasar mails, mandar algún presupuesto y debía de h a cer un par de llamadas para dejarlo todo bien atado antes del gran evento. Era consciente de que era muy temprano para empezar a llamar a cualquier ser vivo. Creyó que era la única que estaría despierta a esas horas. Para hacer tiempo, cogió su po r tátil y en cuestión de minutos, despachó todos y cada uno de los mails que tenía aún sin contestar. Con la mente más despejada que la noche anterior, se percató de que los p...